• Maria Paula Rueda Yepes

Señora Muerte





“...en algunas (culturas modernas) ya no se comprende que la Dama de la Muerte representa una pauta esencial de la creación. Gracias a sus amorosos cuidados, la vida se renueva.” Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos

Hace años, para ser precisa diez, una ola me revolcó en Acapulco de tal manera que pensé, por unos segundos, que iba a morir. Quedé atrapada en las fauces de un remolino marino que me batía bajó el agua como una licuadora inclemente. Con todas las fuerzas de mis músculos nadadores peleé para salir del agua pero era inútil. Entre más nadaba, más me hundía. Entonces me detuve, me entregué y como por arte de magia el mar me escupió hacia el cielo como cohete humano de circo. Así comenzó mi viaje iniciático a México; con la presencia de la muerte recordándome que era mejor permanecer humildita y cooperando. Con el tiempo comprendí que necesitaba ese revolcón marino porque, las experiencias que vendrían a continuación, representarían uno de los hitos de transformación más importantes de mi vida. La altivez y el orgullo que me caracterizaban sólo serían una piedra en el zapato de mi evolución y mi camino de servicio. Doña Doña sabía que era hora de aparecer en mi vida para corregirme el caminado. Así me inició la muerte un día cualquiera a mis 31 años.


Recuerdo que muchos años antes, cuando era una niña de quizás 12 años, mientras jugaba con una amiguita en medio de un portero en la finca de yo no sé quién, me tragué un hielo enorme que se atoró en mi garganta. El hielo no bajaba y yo no respiraba. Desesperadamente traté de hacer todo lo que estaba en mi poder para desatorarme pero, por algunos segundos, la roca helada parecía no ceder. Sentí desesperación y la inevitabilidad de la batalla perdida. Entonces me detuve y me entregué. Súbitamente el hielo se derritió y bajó a mi estomago en donde nadaría espaciosamente y sin mayores traumatismos. Volví a respirar. El episodio quedaría registrado en mi memoria como un momento angustiante lleno de un miedo impotente. La vida siguió y nadie se enteró. Ese día no me tocaba morir.


En los últimos tres años he perdido tres bebés de maneras muy diferentes. Para el primero, me enteré en una ecografía que su corazón no latía. Sin escándalos ni mayor drama la muerte habitó mi útero durante 3 días seguidos antes de poder abortar. Lloré, me dolí y me entregué a ese sentimiento de pérdida e impotencia abrazando mi dolor con compasión. Toda mi vida pasó por la cabeza cuando supe que ya no sería mamá del bichito a blanco y negro que salía en la ecografía. Mis afanes, mis rabietas, mis razones y mis reclamos se fueron al último lugar en mi lista de prioridades y, como por arte de magia, una calma estoica me invadió en medio del dolor. Durante un mes me dediqué a replantear mi vida, descansar, orar y pensar. Le bajé a la autoexigencia y sobretodo a la ridícula idea de que todo lo controlo y por lo tanto todos los resultados dependen exclusivamente de mí.


Cada una de estás visitas de la Señora Muerte dejaron tras de sí una pregunta para la vida. ¿Cómo estoy viviendo? ¿Qué es verdaderamente importante? ¿En qué estoy invirtiendo mi tiempo y mi energía? Para esto la Señora Muerte es especialista, para dar el contraste necesario a la película de la vida en la que estamos actuando. Ella da ese fondo claro y a veces oscuro para tener una mejor perspectiva de la vida. Nos ayuda a recordar que nada es para siempre, que todo cambia constantemente, que esta vida es una breve ventana de tiempo y por lo mismo hay que aprovecharla, que las personas que amamos son tesoros prestados para cuidar y valorar. Se aparece en todos los ciclos que vivimos marcando comienzos y finales de relaciones, vidas, etapas, trabajos y sueños.


Experimentamos la danza entre la vida y la muerte a cada instante, con cada respiración que nace y muere. Cada tantas horas, días y años mueren nuestras células y se renueva la vida en nosotros a nivel microscópico. Querer escapar a la muerte es como querer escapar a la vida; no podemos tener una sin la otra.


En el 2011 vivía en México y quise visitar algún panteón popular el día de los muertos. Quería conocer la emblemática fiesta mexicana tan popular en todo el mundo. Mi amiga Nancy, una mujer hermosa y mítica, me recomendó ir a Mixquic, un pueblito que había sido tragado por la voracidad de la Ciudad de México al cual tardé 4 horas en llegar en medio de un tráfico insoportable. En Mixquic, nos esperaba un río de gente que transitaba como ganado por las calles angostas en cuyas orillas habían cientos de puestos de venta de chucherías inútiles y comida que jamás podría engullir. Tanta vendimia desconcertaba mi noción de ritual y me dejaba ver que todo acto sagrado es más interno que externo. A medida que avanzaba me imaginaba encontrándome con una multitud de temerarios devotos, hincados en las tumbas de sus muertos con ofrendas de flores y comida. ¡La sola idea me parecía delirante! Al llegar al panteón tuve la desconcertante noticia de que estaba cerrado. ¿¡Cerrado el panteón en la noche del primero de noviembre Día de Muertos en Mixquic!? ¡¡¡ No manches!!! Viajar cuatro horas en la noche para encontrarlo cerrado parecía un mal chiste del destino. Terca y decida de hacer valer mi esfuerzo me acerqué a la puerta de entrada del panteón y fijé mi mirada por algunos minutos en el interior del camposanto vacío que contrastaba con el ruido distraído de la calle. Me concentré, oré y puse la intención de conectar con la Señora Muerte. A los pocos minutos apareció en mi pantalla mental la imagen de una mujer esbelta, bella y luminosa. Su mensaje fue claro:


“Este campo santo es un lugar sagrado, a mi casa solo entras con reverencia y respeto. Hay más paz en mis entrañas que en las iglesias más silenciosas. Mi tierra es más fértil que los cultivos de donde nacen los frutos con los que te alimentas. El miedo a mirarme a los ojos es producto de las creencias que tu linaje ha cargado por generaciones enseñándote a temerme y por lo tanto a temerte. Yo la Dama de la Muerte, madre de toda calma, origen de cada comienzo y cada final, solo busco cortar la cabeza de tu ego y aquietar la excitación excesiva de tus fantasías. Soy yo quien te ayuda a volver al presente, a recordar la esencia, a permanecer siempre atenta a lo que mi hermana la vida te trae. Mi medicina es como un líquido frío que recorre tu médula de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, conectándote con el cielo, la tierra y tu humanidad. Mi única función es acompañarte silenciosamente, infundir un soplo helado cada vez que el fuego de las pasiones nuble tu visión y vicie tu juicio. Mi apariencia dista mucho de la obscuridad y de las máscaras tenebrosas que acechan a los vivos tratando de engullirlos. Soy una madre benévola y luminosa que jamás te abandona, ni siquiera cuando se ha desintegrado tu cuerpo. Estoica, sobria, clara y compasiva es mi presencia. Mi mensaje es inefable; sólo quien me conoce comprende lo que vengo a decir. Si me escuchas y me miras, siempre sabrás que hacer. Mi misión es ayudarte a regresar a casa.”


¡Por Dios! ¡No podía creerlo! Me había encontrado cara a cara con la Muerte! Esto fue más que suficiente para mi; valió la pena peregrinar durante 4 horas en un bus urbano para poder conocerla. No hubo ritual ni ofrendas chamánicas, más bien un jolgorio inmarcesible de gente enardecida, ruidosa y hambrienta que me confirmó cuánto podemos perdernos en la euforia y los excesos de la carne. Unos pocos minutos mirando a la delgada, femenina y sobria Señora Muerte fueron suficientes para comprender cuánta vitalidad carga en sus entrañas y la importancia de su presencia en la vida de un buscador del alma.


Comprendí entonces las palabras de Clarissa Pinkola en su reflexión sobre el cuento de la Mujer Esqueleto:“... si uno desea ser alimentado de por vida, tiene que enfrentarse con la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida y entablar una relación con ella. En cuanto conseguimos este propósito, ya no andamos dando tumbos por ahí en un intento de pescar fantasías, pues comprendemos que la verdadera relación la crean las muertes necesarias y los sorprendentes nacimientos.”


Si la Muerte ha cruzado tu camino, y has perdido a alguien o algo valioso, ábrele espacio a la posibilidad de escuchar el mensaje que esta pérdida trae para ti. A medida que te sientas listo, suelta esos hábitos y creencias que dificultan y obscurecen tu vida; deja que la mujer esqueleto te ayude a desenredar la vida que aun te acompaña.



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